martes 20 de septiembre de 2011

Proyecto de Septiembre. La fotografía.

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Huellas Borrosas.


“Hay que aprender a vivir con la soledad, de la manera en que no se choque con ella pero tampoco se le aparte de nosotros”.


Ahora que lo pienso, el escupitajo que lancé al cielo sin cuidado, llegó directo a mi cara. Algunos dicen que es justicia divina, yo… yo, lo llamo karma –como ella solía hacerlo-.
¿Saben? Todo <<paso>> significa una huella –algo que marca un inicio y presiente un final-, toda <<huella>> significa un recuerdo –imagen que conserva la memoria entre dichas y tristezas-, y todo <<recuerdo>> –palabra mal enfocada por muchos-. Todo recuerdo: es una traición que se desvanece con cada huella en la arena.

— Tú... ¿Quieres algo? —Pregunte sin mucha gana. Sin parecer desesperado, claro está.
Ella, antes de responder miró hacia un lado y sin pensarlo mucho, sonrío.
— No. ¿Por qué? —Me dijo, mientras jugábamos –ella al menos lo hacía- con los pies en la arena.
— Por nada —Suspiré y levanté los hombros en signo despreocupado.
Como si esa conversación fuese lo más normal del mundo.
Lo cierto era –y ya me lo imaginaba-, que esta charla sería tan significativa, como la significancia de su existencia en lo que sería mi vida, más adelante.
— Eres extraño... —Espetó como conclusión definitiva.
No puedo negar que a esas alturas mis arranques de amor bajaban a revoluciones mínimas, yo estaba a punto de hacer una confesión de aquellas que no se hacen a menudo y ella por su parte, no hacía más que bajarme de la nube.
Aunque debo admitir que esa era una de sus grandes gracias, o talentos, mujer creativa aquella que estaba frente a mí. Para no hacerme menos y complaciendo el interés ajeno, y el mío, pues nunca había negado no ser extraño, respondí.
— Bastante —Esta vez, mi voz no ayudó. Además de sudar, un poco, ese tic en el ojo izquierdo –de subir la ceja constantemente-, comenzaba a hacer de las suyas. ¡Qué Fastidio!
Entonces, ella tan grácilmente, se acercó –como leyendo mis actitudes- y me susurró al oído: — ¿Y tú, quieres algo? —.
— Si... — Respondí sin pensar.
Tan malvada y genuina, ella, atacaba a mis puntos débiles sin consideración.
Con la misma atracción del comienzo, eso sí, con la voz más baja, como si estuviera contándome secreto, volvió en sí y preguntó: — ¿Qué cosa?
Y yo, atontado por sus encantos naturales, su fragancia tóxica y mis idealizaciones juveniles, confesé: — A ti.

En ese minuto creí que mi amor iba a durar para siempre.
Iluso yo, por creer en ello y no decirlo en voz alta, porque de sentir esa sensación, lo hice muchas veces y, sin embargo, alenté a su alma a creer lo contrario.
Siempre diciéndole a ella que avanzar era bueno,  había que saber dejar atrás, como si supiese más del mundo. Alardeando de mi control, de madurez, jurando saber mil y una, cosas. Lo cierto fue que nunca supe, y no deje espacio al  aprendizaje.
Según yo, había que tener en cuenta la forma de enterrar el pasado –de manera que no entorpezca el presente y sirva en el futuro-, pero ella, nunca quiso escucharme. Quizás por eso la perseguí con tanto ahínco, al menos hasta que la tuve en mis brazos.
Ella nunca dijo nada al respecto, por eso pensé en mi amplia madurez, antes que la suya.  No me di cuenta, nunca, que ella si había escuchado, y más que eso, había comprendido mis palabras, en silencio las había reflexionado y cuando supo que nuestro amor no daba para más siguió avanzando.
Al final, fui yo el que quedo ahí, varado, tratando de perseguir sus huellas que se consumían con el alza de la marea, fui yo el que más soñaba y el que no supo manejar el amor de la manera en que la experiencia me hubiese enseñado mi camino, más adelante.
Fui el único que se quedo pegado siguiendo sus pasos, pero me di cuenta, tarde pero lo hice. Ahora como ella, seguiré caminando de la manera en que no olvide, ni deje la felicidad de lado.

jueves 1 de septiembre de 2011

Partidas merecidas.

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“Te quise.
Te quise mucho.
-Si me conoces-,
Nunca dudes de ello,
eso me dolería, incluso,
más que tu partida.
Sin embargo, 
las cosas cambian,
lamentable o no, ya no te quiero.
Si, tú cariño se lo llevó otra persona,
y no mediré quien se lo ha ganado, mejor,
sólo te cuento, para que veas que el tiempo,
los momentos y experiencias, pasan, y no en vano.
Para que sientas el presente, y no, no es para que vuelvas,
como te dije, ya no te quiero. Sin despechos, ni remordimientos,
hoy, agarro mis cosas, te sonrío, me despido con un beso y me voy.
Por fin me levanto de la silla en la que estaba. He vuelto a ser libre,
es que ha llegado otra persona a darme alas, y no me da vergüenza admitirlo,
nunca ha sido necesidad, siempre será una burbuja concisa que me mantendrá en el aire.”

jueves 11 de agosto de 2011

Sin Remitente.

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Cuentan las malas lenguas que han visto su sombra en esta noche lluviosa, la han visto pues no ha hecho como debe, un asesino siempre debe ser silencioso. Esa fue la primera frase que susurre a su persona ¿Lo recuerda?  Usted debería tener claro que un solo detalle nos costaría la vida, y la verdad no estamos para perderla.

Le confieso que a veces pienso que me equivoque con usted, ya que si lo analizo de manera decente:--parece más un matón que un artista-, lapidar gente siempre ha sido un arte¿No es acaso eso lo que le llevo a mí?
Pero que va, no siempre su maestro fue perfecto, le aclaro esto, no como plus para que intente ser, sino para que de una vez por todas elimine dudas y deje el espacio suficiente a ese deseo que lo carcome y se refleja en su mirada, ese deseo que usted y yo, conocemos bien y que nadie más ve.Aunque podría estar equivocado, nuestras presas siempre la reconocen cuando es demasiado tarde.

Sin entrar en delirios, le advierto que debe deshacerse de esos diez dólares que anda trayendo en el bolsillo, ¿Creyó que no me daría cuenta? ¿Qué pasaría el detalle como si nada? ¿Acaso he sido demasiado flexible? No me haga enojar número 9, no soy su Jefe, soy mucho más que eso y usted entiende -o debería-, que mi palabra es absoluta. Por último, para no seguir extendiendo nuestro acuerdo, traiga la maleta a la casa de playa, lo estaré esperando en el jardín con una taza de té.

PD: Espero que haya quedado claro y que a penas, esto llegue a sus manos, se dirija a mí.

Ya conversaremos las cosas con calma.
Relájese estimado discípulo.
Se despide:   A